¿QUÉ PERDEMOS CUANDO PERDEMOS?

Cuando la muerte, una separación, una enfermedad o cualquier pérdida llega a nuestra vida, descubrimos algo sorprendente: nunca perdemos una sola cosa.

Perdemos abrazos, conversaciones pendientes, proyectos, certezas, aniversarios, la sensación de seguridad y, a veces, hasta la persona que éramos antes de ese acontecimiento.

Imaginemos nuestra vida como una casa. En ella vamos construyendo habitaciones: nuestra familia, nuestra pareja, nuestro trabajo, nuestros sueños, nuestra salud, nuestros amigos, nuestros proyectos…
Algunas habitaciones permanecen durante muchos años. Otras cambian de función y algunas, inesperadamente, quedan vacías.
Cuando una habitación queda vacía, no desaparece todo lo que hay en la casa. Pero la casa ya no vuelve a sentirse exactamente igual. Eso ocurre con las pérdidas.
Una pérdida no solamente significa que algo o alguien ya no está. Significa que nuestra vida necesita reorganizarse alrededor de una realidad diferente.
Y ese proceso de aprender a vivir en esa nueva realidad es lo que llamamos duelo.”

La pregunta de hoy es sencilla, pero puede cambiar la manera en que entendemos el duelo: ¿Qué perdemos cuando perdemos?

Pérdida es toda experiencia en la que dejamos de tener, vivir o conservar algo o alguien que era significativo para nuestra vida y que transforma nuestra manera de estar en el mundo. No siempre lloramos por lo que se fue; muchas veces lloramos por todo lo que se fue con ello porque hay pérdidas visibles donde hay funeral, ritos, luto, etc, pero también las pérdidas invisibles que no son reconocidas o validadas por la sociedad y que, muchas veces, tampoco la misma persona que lo está padeciendo las reconoce, pero sí está sintiendo el impacto real de la misma.
Cuando perdemos algo significativo, muchas veces perdemos también todo lo que estaba relacionado con ello.
Por ejemplo, cuando alguien pierde a su pareja, no pierde solamente a esa persona.
Puede perder:

Por eso a veces escuchamos:
“No entiendo por qué me está afectando tanto.”
Y es que de una pérdida primaria surgen las secundarias.
¿Hay alguna pérdida en tu vida que en su momento pensaste que “no tenías derecho” a llorar?
Al sufrir una pérdida surge eso que llamaos duelo porque el corazón necesita aprender a vivir en una realidad distinta. Es una respuesta de amor ante aquello que tuvo significado.

“Ninguna emoción está equivocada. Las emociones son mensajeras: vienen a decirnos que algo importante cambió en nuestra vida.”
Y por esto mismo el duelo es algo personal, que lleva su ritmo propio, no hay prisa pero sí es importante transitarlo sin pausa no para superar porque de esto no se trata sino de aprender a vivir en una realidad que cambió. “Aceptar no significa olvidar, dejar de amar o dejar de extrañar. Significa aprender a vivir de una manera diferente, integrando esa pérdida a nuestra historia.”
Volvemos a la analogía de la casa:
“Al principio hablamos de una casa que había cambiado porque una habitación quedó vacía. Quizá nunca volvamos a ocupar esa habitación de la misma manera.
Pero con el tiempo podemos aprender a caminar nuevamente por la casa, abrir otras puertas, llenar nuevos espacios y descubrir que todavía hay vida en las habitaciones que permanecen. Eso no significa que dejamos de extrañar lo que perdimos. Significa que aprendemos a vivir con su ausencia.”

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