“EL CASCO QUE YA NADIE SE PONE”: UNA MIRADA TANATOLÓGICA AL DUELO LABORAL

Sigue colgado en el mismo lugar de siempre. Conserva algunas marcas de soldadura, un poco de polvo y el desgaste de muchas jornadas de trabajo. Cada mañana, quienes pasan frente a él lo miran, aunque sea por un instante. No hace falta decir el nombre de quien lo usaba; todos saben de quién era. Ese casco se convirtió en algo más que una herramienta de protección. Se volvió un símbolo de una ausencia.

En muchos lugares de trabajo ocurre algo parecido. Puede ser un casco, un chaleco, una caja de herramientas, un uniforme, una taza de café sobre un escritorio o una credencial que ya no volverá a utilizarse. Son objetos cotidianos que, de un día para otro, adquieren un peso emocional enorme porque nos recuerdan que alguien ya no está o que una etapa terminó.

Las herramientas de trabajo tienen una historia. Acompañan esfuerzos, aprendizajes, conversaciones, sueños y también amistades. Por eso, cuando la persona falta, el objeto permanece como un recordatorio silencioso de la pérdida.

Desde la tanatología entendemos que el duelo comienza precisamente ahí: cuando la realidad nos confronta con una ausencia porque el trabajo no es únicamente un lugar donde cumplimos funciones o alcanzamos metas. Es un espacio donde construimos identidad, pertenencia y vínculos humanos. Pensemos que un tercio del día lo pasamos en un ambiente laboral. Puede ser que no tengamos una amistad profunda fuera del trabajo, pero el simple hecho de compartir horarios laborales junto a esa persona crea lazos de cercanía de una rutina compartida que se rompe de manera repentina.  A nivel colectivo afecta a todo el equipo de trabajo y el clima organizacional generando tristeza, desolación, ansiedad o una baja temporal en el rendimiento. También se da una tensión productiva, se produce un choque entre la necesidad humana para hacer una pausa, reflexionar y procesar el duelo y la exigencia de la empresa por mantener el trabajo productivo.

Hablar de duelo laboral es darle voz a esas pérdidas que muchas veces permanecen en silencio. Es reconocer que detrás de cada casco colgado, de cada herramienta que quedó sin dueño y de cada silla vacía, hay personas intentando aprender a convivir con una nueva realidad.

El bienestar emocional de los colaboradores es un pilar fundamental para el rendimiento, la productividad, el clima organizacional, pero sobre todo la parte humana de una empresa. Es importante brindar espacios de expresión de emociones, herramientas para fortalecer la resiliencia, la salud mental en el entorno laboral.

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