PÉRDIDA DEL EMPLEO, DUELO INVISIBLE

Cuando se pierde un empleo, no solo se pierde un salario: se pierde una parte de la vida tal como la conocíamos. Es perder una rutina, un lugar al que se pertenecía, una parte de la identidad construida día a día, proyectos, amistades, sueños, seguridad y control. Hay un quiebre interior en la persona. Sin embargo, pocas veces se reconoce como lo que realmente es: un duelo y por lo tanto se invisibiliza, la sociedad no valida lo que la persona estas sintiendo y viviendo y por lo tanto esta vive su duelo de manera silenciosa y muchas veces con vergüenza.

Vivimos en una cultura que empuja a “levantarse rápido”, a buscar soluciones inmediatas, a transformar la pérdida en productividad. Pero el corazón no siempre sigue ese ritmo. Y cuando no se le da espacio al dolor, este suele manifestarse de otras formas: ansiedad por el futuro, culpa, rabia o sensación de injusticia, cansancio profundo y aparecen pensamientos persistentes de fracaso, de incapacidad para encontrar un nuevo empleo, de ser suficiente.

El acompañamiento de un tanatólogo ayuda a expandir la mirada más allá de la pérdida en sí.  Es recodar o redescubrir que la persona es más que un puesto, salario o curriculum.El empleo es una parte de la historia, no la historia completa. La persona permanece, con sus capacidades, valores y experiencias intactas, aunque hoy todo parezca incierto.

Que se recomienda en este caso:

  • Dar permiso para pausar ya que el duelo no tiene un orden lógico, es decir, un día hay esperanza y otro miedo. Pausar no es rendirse sino cuidar la vida interior.  Hay que reconocer las emociones que se viven, ponerles nombre (escribirlas de ser posible). Llorar lo perdido y reconocer el impacto que tiene en su vida.
  • Hacer una reflexión de los siguientes cuestionamientos: ¿Qué de este trabajo sí me dio vida?, ¿Qué aprendí en todos los aspectos (intelectual, emocional, social)?
  • Hacer un cierre por escrito.  Agradecer lo aprendido, pedir perdón por lo que se dejó de hacer o decir, perdonar a la empresa o empleador y expresar las emociones que surgieron al finalizar el cierre.
  • Mantener una rutina básica diaria
  • Revisar el CV y enviarlo a posibles oportunidades laborales.

Perder un empleo duele. Desordena la vida y sacude certezas. Pero no borra la historia, ni la dignidad, ni la capacidad de volver a empezar cuando el corazón esté listo.

A veces, el primer paso no es avanzar, sino sanar lo que se rompió. Y eso, aunque no siempre se note, ya es un acto profundo de valentía.

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