Este año empezó con tristeza, ¿será así todo el año?

A inicio de año visité a una familia que está en duelo por la pérdida del abuelo. Al saludar y platicar con uno de los hijos (12 años de edad) me llamó la atención que me dijera: el 2025 terminó mal porque murió mi abuelo y este año empezó mal porque se murió el abuelo de un amigo. El tono de voz y la expresión de su cara indicaba de una forma sencilla y honesta miedo, confusión, dolor ante el rompimiento de su mundo conocido. Fuimos interrumpidos en nuestro diálogo, pero me dejó pensando como un suceso totalmente válido puede marcar de la tal manera que se piense que ese hecho doloroso borre todo lo bueno que ocurrió anteriormente o predispone a la persona a que todo lo que venga seguramente será malo, triste o doloroso.

Los niños piensan en bloques. Para ellos, el tiempo no siempre se divide en meses o procesos, sino en experiencias completas. Si algo muy triste ocurre al inicio o final del año, es lógico que sientan que esa tristeza lo cubrirá todo. No es falta de fe ni pensamiento negativo: es una reacción humana ante la pérdida. Decir “el año empezó mal” o “el año terminó mal” es como decir “algo cambió y no sé qué esperar ahora”.

Acompañar a un niño en duelo no significa negar el dolor ni prometer que todo será fácil. Significa validar sus emociones y sentimientos sin condenar el pasado o el futuro. Escucharlos y darle sus espacios de silencio, reflexión y expresión. Evitar decirles que no piensen en eso, que tienen que ser fuertes, que todo va a estar bien. El niño necesita sentir que su tristeza tiene un lugar importante y que no tiene por qué esconderla para evitar sentir mal a otra persona.

Una frase sencilla que puede abrir la esperanza: “El año terminó o empezó con algo muy triste, y eso duele mucho. Pero un año no se decide por una sola cosa.” Se puede utilizar la analogía de un cuaderno que, aunque se manche la primera hoja, hay más hojas limpias y no necesariamente se van a manchar.

Acompañar a un niño en duelo, en algunas ocasiones, es detectar si hay un sentimiento de culpa silenciosa ya que el niño puede pensar que hizo algo incorrecto o que merece lo que ocurrió. Es importante decir con claridad: “Esto no pasó por tu culpa. No es un castigo. A veces pasan cosas muy tristes, aunque nadie las quiera.”

Hay un ejercicio sencillo que utilizo tanto con adultos como con niños es marcar en un calendario cada día como les fue, si fue un buen día o un mal día y lo colorean con un marcador o crayón del color que escojan y al finalizar la semana o mes se contabiliza los colores.  Esto sirve por un lado para identificar emociones y ponerles nombre y por otro para caer en cuenta que no todo es triste o malo o alegre y bueno.  La vida es así con sombras y luces pero que un suceso triste de un día no determina el resto de los días. La tristeza no desaparece de golpe, pero aprende a convivir con la risa, el juego, el amor y la memoria.

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